21 feb. 2013

tortilla de patata con morcilla y pimientos rojos


La tortilla de patata tal cual, no necesita ningún ingrediente extra para ocupar uno de los primeros puestos en el menú de cualquier casa, es mi hamaiketako por excelencia y si pienso en una comida fuera de casa, playa o monte, pocas veces no recurro a ella... pero de vez en cuando también me gusta darle un toque diferente y como veis, el de hoy se lo da la morcilla de Burgos y los pimientos, una combinación para chuparse los dedos. La idea de poner morcilla la vi en el 
blog mandil y perejil, el cual no os debéis perder.


ingredientes
750 g de patatas peladas
7 huevos tamaño “L”
150 g de cebolla
1 morcilla de arroz (225 g), mejor si es de Burgos
pimientos rojos asados
2-3 ajos
sal y azúcar
aceite de girasol

elaboración 

Empezamos confitando un bote de pimientos rojos asados caseros, en mi caso una de las conservas preparadas al comienzo del otoño pasado. Para ello ponemos en una sartén los ajos y cuando empiezen a bailar añadimos los pimientos junto con el líquido que llevan, se les pone sal y azúcar, y los tenemos a fuego suave hasta que el líquido espese.



Pelamos las patatas, las lavamos, secamos y picamos, aquí cada uno tiene su gusto, yo las lamino procurando que sean del mismo tamaño. Partimos en trozos finos la cebolla. En una sartén con aceite caliente, para las tortillas yo uso de girasol, ponemos las patatas y la cebolla, salamos y se dejan al principio a fuego fuerte, para que la patata coja color, tiene que quedar, ni frita ni cocida, luego bajamos el fuego hasta que termine de hacerse. Una vez hechas las escurrimos bien.
Le quitamos la piel a la morcilla y la partimos en rodajas no muy finas y sin romperlas las doramos en una sartén antiadherente con un pelín de aceite.




En un bol batimos los huevos ligeramente, añadimos las patatas con la cebolla y lo mezclamos todo bien.
Ponemos a calentar un poco de aceite en una sartén, la mía es de 26 cm, y cuando esté bien caliente echamos la mitad de la mezcla del bol. Ponemos la morcilla por encima y sobre esta una capa de pimientos confitados, para terminar con el resto de la patata y huevo. Cuando veamos que la tortilla está cuajada por debajo, le damos la vuelta, la volvemos a poner en la sartén y la dejamos cuajar por el otro lado, con ayuda de una espumadera vamos redondeando los bordes, por supuesto la podemos dejar más o menos cuajada según el gusto de cada uno.





Esta tortilla hay que comerla caliente o templada pues la morcilla al llevar manteca no es agradable comerla una vez fría.


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